28/12/2010

Miss Hawley

¿Cómo alguien puede dar fe de que un montañista ha pisado la cumbre de un ochomil sin haber estado nunca allí previamente? La respuesta lógica a esta pregunta sería: de ninguna manera. Pero la lógica es algo que topa de frente con Elizabeth Hawley, una norteamericana casi nonagenaria afincada en Katmandú (Nepal) desde 1960.
 Es cierto que nunca ha alcanzado la cima de ninguna de las 14 montañas más altas del planeta (cumbres que defiende con uñas y dientes); sin embargo, y gracias a las anotaciones recogidas desde 1980 con paciencia de santo y tenacidad de hormiga, es capaz de describir mejor que nadie cada una de las cumbres, así como los recorridos que llevan a ellas, de los 14 ochomiles que coronan la tierra a pesar de no haberlas pisado jamás.

Su método, a pesar de arcaico, es simple y efectivo: antes de empezar la temporada de ascensiones, se pone en contacto con las agencias especializadas en montañismo de Katmandú (el Gobierno nepalés exige que cada expedición esté representada por una agencia); acto seguido, les pregunta qué montañistas esperan y averigua la fecha en la que llegan; cuando éstos se presentan en Katmandú, Miss Hawley les entrevista y les pregunta sus planes de escalada; finalmente, cuando los expedicionarios regresan, la nonagenaria se reúne con ellos para conocer el relato minucioso de su aventura.
Es a partir de aquí cuando la curiosa anciana, a través de los datos recopilados con precisión quirúrgica durante décadas (y a la red de contactos tejida desde su llegada al Nepal), certifica si los montañistas en cuestión alcanzaron, o no, la cumbre pretendida. Y aunque pueda parecer mentira, lo que dice Hawley va a misa. Si eres montañista profesional y no estás en el registro de la anciana, oficialmente nunca has estado en la cumbre de un ochomil. De ahí la veneración, y a la vez el terror, que despierta esta anciana, de carácter irascible (no en vano le llaman la Dama de Hierro) entre los escaladores.

A grandes rasgos, este es el relato de los quehaceres que esta licenciada en Historia y Periodismo desarrolla desde que en 1980, y ante la ausencia de un registro oficial, empezara a anotar en una especie de libro de bitácora todas y cada una de las expediciones que llegaban al Himalaya por el lado nepalí.
Un trabajo, éste, que le surgió de casualidad. Y es que Hawley había aterrizado a inicios de los sesenta en la capital del Nepal con la intención de mandar, como corresponsal de la revista Time-Life y colaboradora de la agencia Reuters, crónicas políticas, económicas y sociales, así como gestas montañeras, desde Katmandú.
Sin embargo, su introdución progresiva en el círculo de los montañeros más reputados del mundo la llevó a modificar por completo sus planes iniciales. Sin ir más lejos, se hizo íntima de Edmund Hillary (la primera persona en alcanzar la cima del Everest). Muchos son los rumores que señalan un idilio entre Hawley y Hillary (extremo, éste, nunca confirmado por la notaria del Himalaya).
Al igual que Hillary en su día, Miss Hawley tiene una relación estrecha con los sherpas (los oriundos del lugar). Sin duda, éstos son su principal fuente de información. Ellos son los que mejor saben, a ciencia cierta, quién ha coronado un ochomil y quién no.
El testimonio de los sherpas tuvo que ver en la valoración que Hawley hiciera de la ascensión al Kangchenjunga de la que, en principio, había sido la primera mujer en coronar los 14 ochomiles del planeta: la surcoreana, Miss Oh. Después de la pruebas aportadas por ésta y de escuchar su relato, Hawley tildó de “dudosa” la cima de Oh. Así se lo hizo saber la nonagenaria, a través de una carta, a la principal rival de la surcoreana en la carrera por ser la primera montañista en alcanzar la cumbre de las 14 montañas más altas del mundo, Edurne Pasaban. “Ciertamente lo siento por ella, pero parece que su única opción es volver y ascenderlo de nuevo (el Kangchenjunga) y regresar con un montón de fotos más reconocibles”, relataba Hawley a Pasaban.

Y eso es lo que deberá hacer Oh: convencer a Hawley con pruebas fehacientes si quiere que el mundo le reconozca la ascensión a los 14 picos más altos del globo. Esperemos que la surcoreana, en un nuevo hipotético intento, no coja un día con niebla y pueda hacer unas buenas instantaneas de la cumbre del Kangchenjunga para mostrarlas como prueba a la notaria del Himalaya. Y es que ésta no tiene ninguna intención de subir al pico en cuestión con Oh. “Me encanta verlas (las montañas), creo que son un paisaje maravilloso, pero no tengo ningún interés en subir. ¿Para qué? Soy demasiado perezosa, me gusta dormir todas las noches en una cama y tener comida caliente y variar de menú… Nunca quise ir allí arriba”, repite una y otra vez Hawley.
Fuente: La Vanguardia

2 comentarios:

  1. Que viejecita más entrañable.
    Aunque seguro que no piensa lo mismo la escaladora.

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